miércoles, 9 de junio de 2010

Calamaradas

Es un tema antiguo en mí, recurrente, pero creo que interesante. Es el de la inmolación por la creatividad. Me encantó ver hace unos días a Andrés Calamaro en el programa de Andreu Buenafuente. Estaba delgado, caótico, no se le entendía. Su violencia intelectual le hacía atropellarse, a lo que se unía una más que evidente intoxicación, bien etílica bien producida por extrañas químicas. Estaba, en definitiva genio. Creativo, cada frase era casi un verso, un manantial de significados.

Recuerdo cuando hace unos años presentó uno de sus discos (El Regreso, creo). Estaba sereno, gordito, sanote, guapo. Pero en sus canciones no había vida. Desintoxicado, no tenía nada que decir. Sin pedir un euro para el autobús, todos somos iguales en la parada.

Es parte de la grandeza diaria. El cerdo sólo sirve cuando se sacrifica.



1 comentario:

MIGUELÓN dijo...

Da la sensación de estar en fuera de juego, pero en un partido de baloncesto. No sé, algo pequeñito.