miércoles, 10 de marzo de 2010

Histochapas


Siempre he sentido un gran respeto por los pioneros. Y unos pioneros del acojone en la cama ajena, que luego popularizaron los Corleone, fueron los Asesinos (haššāšīn o nizaríes), una secta chii de la Edad media.

Eran famosos por lo expeditivos que eran a la hora de cargarse a la peña. Zas en toda la boca. No les importaba ser asesinados porque, en el otro lado del río, había un eterno jardín con huríes y canutos.

El caso es que Saladino, una especie de Valdimir Putin del siglo XII, emprendió una cruzada contra estos pollos, practicantes del ismaelismo. Su nivel de acojones por si se lo cargaban era tan grande que ordenó que su tienda estuviera permanentemente vigilada y que cubrieran el suelo con arena para poder comprobar si alguien merodeaba por allí. Una mañana despertó y encontró, junto a su almohada, un puñal envenenado clavado con un mensaje que le decía que, o se marchaba, o el puñal aparecería clavado en él. En ese momento cogió sus bártulos y se volvió a Egipto.

(Realmente esto es una leyenda, muchos historiadores sugieren una alianza con los nizaríes para evitar que se aliaran con los templarios).

1 comentario:

MIGUELÓN dijo...

Lo del puñal recuerda mucho al caballo de los Corleone.

Admiro a esta gente, hoy en día los asesinos tienen mucho menos estilo y se suelen confundir con ladrones de poca monta.